Camino al Concierto




“Toda guerra es una derrota para el espíritu humano” 
Henry Miller

Pedro es un joven músico, su especialidad es la música tradicional venezolana. Desde niño sueña con ser un músico internacional, viajar, recorrer el mundo con su instrumento al hombro. Durante los últimos 6 meses ha estado haciendo una fusión de la música brasileña con distintos géneros representativos de Venezuela. Dicha fusión ha tenido una especial aceptación en la escuela de música que lo ha visto crecer personal y musicalmente. Todos los días se va desde muy temprano a realizar su práctica instrumental en compañía de otros reconocidos músicos de su ciudad. Él se siente orgulloso de que en un tiempo cercano estará grabando su primer álbum musical el cual se llamará: Venezuela Bossa Nova. Al pensarlo no cabe dentro de sí. Es una emoción que le llena el alma.

Un día, un afamado productor musical lo llamó para invitarlo a un concierto donde estarán grandes artistas nacionales e internacionales con el objetivo de que presentara su nuevo material discográfico. Pedro no cabía dentro de sí. La emoción lo embargaba. Al siguiente día se levantó a primera hora, abrió la ventana y observó que el día amaneció gris y nublado. Se colocó su atuendo para eventos especiales y fue a despedirse de su madre. Ella al verlo le dio la bendición y con una lágrima en los ojos le dijo:

- Hijo, hoy no vamos a desayunar. Como bien sabes, tu papá aún no ha conseguido trabajo. Sin embargo, hoy se fue a las 5am a una entrevista y estamos optimistas en que será favorable para él y nosotros.

- No te preocupes mamá, hoy voy a dar un concierto en el Teatro Teresa Carreño y en el camino hay una mata de mangos.

- Ok hijo, de todas maneras, hoy al mediodía me pagan un dinero y con eso compraré algo de comer. Te deseo muchos éxitos, sé que lo harás muy bien porque tú eres un músico fenomenal.

- Gracias mamá, tus palabras son mi motivo. –Abrazó a su madre y se despidió-

Camino al concierto Pedro iba pensando que debía tomar bastantes frutos porque no sabía cuánto duraría el concierto. Al llegar a la mata de mangos notó que los frutos estaban muy altos. Entonces dijo para sí mismo:

- Tendré que montarme en éste árbol y éste instrumento es muy pesado para subirlo conmigo.
Subirse al árbol con el contrabajo al hombro era una tarea titánica, que ameritaba un gran esfuerzo y el riesgo de dañar el instrumento. Razón por la cual decidió dejarlo abajo mientras subía a buscar unos mangos. Pedro estaba feliz  porque al trepar el árbol observó que estaban unos suculentos mangos color rojizo lo cual acrecentó sus deseos de saciar el hambre. Una vez bajó con una bolsa llena de frutos fue a recoger su contrabajo junto a las partituras y notó que el instrumento ya no se encontraba en el sitio que lo había dejado.

No puede creerlo, observa a su alrededor y no ve a nadie. Se lleva las manos a la cara y empieza a sollozar. No deja de quejarse. Sale corriendo a lo largo del camino, visualiza unas marcas de zapatos y las sigue. Continúa caminando y no ve a nadie. Lo visto son una falsa señal. De tanto caminar llega a la avenida a esperar el transporte que lo llevará al gran teatro. El dolor lo embarga. No se siente bien, su expresión habla por sí sola. Al llegar al teatro el vigilante de turno no lo deja entrar. Pedro alega que es el músico invitado que hará el recital de ésta tarde y el celador no lo cree. El guardia dice:

- Lo siento, todo músico debe traer su instrumento.

El joven Pedro lamenta lo que escucha. Esconde su rostro en las manos. El vigilante se justifica diciendo que solo cumple instrucciones, que por favor lo entienda. Luego de secarse las lágrimas con un pañuelo Pedro decide llamar al productor musical para notificarle todo lo sucedido y acuerdan verse en unos minutos. Éste al llegar rápidamente ordena al vigilante dejarlo entrar. Seguidamente le dice:

- Lamento lo sucedido. ¿Y las partituras también se las llevaron?

- No, las dejaron en el suelo y logré salvarlas. Respondió Pedro.

El productor musical al enterarse de que Pedro aún conserva las partituras le dijo:

- ¡La sala Ríos Reina del Teatro Teresa Carreño espera por ti! ¡Bienvenido!

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