Hijos del Moriche

Algunos en nuestro pueblo decían que estoy loco, la verdad no los juzgo. Muchos no han sabido entender que a la naturaleza tenemos que cuidarla  porque cuando ella pasa factura y retoma su cauce, nadie quedará a salvo. Nosotros no tenemos hijos, aún no nos hemos podido multiplicar, es por eso que el Chaman nos dijo que dejemos en manos de los dioses todo nuestro accionar y que los dioses llevarán el destino de nuestras vidas hacia un puerto seguro, la verdad yo le creo. Por esa misma razón desde que me case con ésa hermosa mujer no he dejado de trabajar para llevar el alimento a nuestro rancho, ser felices y estar en armonía con todo este paisaje que los dioses nos regalan. Además de la pobreza que está arrasando con nuestra tierra, la naturaleza insiste e insiste en darnos un mensaje, porque la verdad no la hemos tratado de la mejor manera. El día de hoy amaneció gris y nublado una vez más, y ya llevamos más de siete (7) días, en ésta alta cima. A lo lejos hemos escuchado gritos desesperados porque el río se empezó a desbordar. A todos los habitantes de éste pueblo los he alertado sobre las visiones que he tenido, incluso se lo he comentado al Chamán y aún no logra entenderme. Todo sucedió aquella noche oscura donde las estrellas estaban ocultas y surgieron del matorral espeso, mientras aguardaba la llegada de una presa fácil, dos luces brillantes y con una voz musical me dijeron que alertara a toda la población de que debemos irnos a la montaña más alta, construir una pequeña embarcación y tener provisiones porque se desataría un diluvio que arrasaría con toda nuestra tierra.

Nadie escucho nuestro llamado, algunos decían que las provisiones no alcanzarían para la larga marcha que hicimos. Lo cual tenían razón, pero era necesario atender el llamado de los dioses. Durante 3 meses estuvimos con destino a ésta hermosa cima. Nuestra población decidió quedarse porque me consideraban un loco. Mi esposa ha sido mi fiel compañera y aquí estamos resistiendo a los embates de la naturaleza.

Al octavo día de nuestra estadía en ésta cima, cansado del viaje y de la fabricación de nuestra embarcación, y ya con pocas provisiones vemos el rápido crecimiento de las aguas. Rápidamente abrace a mi esposa, nos montamos en la curiara y observamos como la tierra nuestra fue arrasada por el diluvio. Pensamos en nuestra historia, nuestra vida junto a nuestros familiares que fueron arrastrados por la crecida del río. La comida que teníamos se estaba acabando y decidimos remar en busca de árboles frutales en aquella alta cima. La lluvia había cesado pero el nivel de las aguas aún se mantenía.

Luego de remar por varios días conseguimos algunos frutos que nos permitieron saciar nuestra hambre de manera provisional. La incertidumbre de no saber qué hacer en la inmensidad de las aguas nos tenía desesperados. A pesar de que estábamos solos sobre una curiara a merced de la corriente de agua con destino más afortunado que el recibido por nuestra población. A lo lejos, observamos 2 brillos de luces muy intensos que se venía acercando a nosotros hasta encandilarnos. Cuando se nos pasó la ceguera producto de la luz, vimos que estaban frente a nosotros 2 personas que nos miraban fijamente con una sonrisa que nos inspiraba una confianza no terrenal. Al ver el estado en que nos encontrábamos de total abandono motivado a la falta de provisiones, decidieron crear una vía de agua que permitiera bajar al mar a buscar alimentos y subir por las mismas aguas, lo cual significaba un problema hidráulico significativo.

Se miraron y uno de ellos dijo:

-          El río bajara desde ésta montaña hacia el mar y el viento subirá a la montaña.

Luego, mientras tocaba el tambor, grabó las figuras del sol y la luna sobre la roca pintada que estaba cerca de la cima que nos había servido de refugio Abracé a mi esposa y con gran alegría exclamé:

-          Bajaremos en nuestra embarcación con la corriente de agua y subiremos con la corriente de viento, grandioso.


Mientras la emoción nos embargaba sentimos como el nivel de agua descendió hasta que apareció la tierra y mientras se iban a la otra orilla del gran rio, nos dijeron que arrojáramos el fruto de la palma de moriche. Entonces, de los frutos que fueron lanzados por mi esposa nacieron los hombres y los que fueron lanzados por mí, nacieron las mujeres que hoy día pueblan nuestra tierra.

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