Cerebro Musical



Siempre me ha inquietado lo que sucede en nuestro cerebro cuando escuchamos o interpretamos música. Es algo que me ha llamado poderosamente la atención. En días recientes al encender la computadora decidí investigar un poco más sobre el cerebro y la música, y entre tanta variedad que se puede conseguir en internet, como por arte de magia apareció lo que estaba buscando: “Una investigación sobre el cerebro y su relación con la música”. 
Encontré un documental realizado por National Geographic titulado: “Mi cerebro musical” el cual tenía como objetivo fundamental investigar la reacción del cerebro ante los estímulos musicales. Fue tanta mi alegría que allí pude conocer cosas interesantísimas como:
  • La música es movimiento. ¿Parece obvio verdad? Bueno, al disfrutar de nuestra música favorita se activan los circuitos del placer liberando dopamina en el cerebro como también lo hacen la comida, el sexo y las drogas. Es decir, el cerebro siempre está buscando un placer. Es por esta razón que las señales de memoria emotiva se relacionan con la música y los pacientes con Alzheimer recuerdan claramente sus canciones favoritas.

  •  A los bebes les encanta escuchar música y a las 18 semanas de gestación un niño puede recordar y fijar en la música en el cerebro.
  •  Tocar un instrumento musical activa más zonas del cerebro y aumenta el coeficiente intelectual. Así que no hay excusas para que niños, jóvenes, adultos y viejitos emprendan el maravilloso viaje hacia la música.
  •  La música es un laboratorio experimental para el cerebro. En este punto pude conocer que hay personas que se dedican a estudiar patrones rítmicos y melódicos para crear éxitos musicales. Quizás los que se dedican a crear chatarra musical han sabido explotar este punto.
  •  La improvisación en el jazz activa las zonas creativas del cerebro. Ya entendí porque mis amigos(as) jazzistas tienen ideas tan extraordinarias.
Sin duda un gran documental que me permitió conocer un poco más sobre nuestro cerebro y su relación con la música.

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