Comunidad de Artistas

“El todo es el amor, ponerle amor a las cosas”
Armando Reverón
Fyodor
es un destacado pintor acuarelista, su pasión por el mar explica en parte el
predominio de los azules en toda su obra plástica. El propósito de su vida es
crear una gran academia flotante de pintores, con el objeto de que los artistas
puedan dedicarse a su obra exclusivamente. Para lograr su ansiado deseo ha
recorrido varios países presentando su propuesta a todos los artistas con los
que entra en contacto. Él se siente muy optimista de lograr su sueño. Lo
imagina, lo sueña y no cabe dentro de sí.
La guerra lo expulsó de su país natal Rusia y su proyecto de la gran
comunidad de artistas se internacionalizó. Nada detiene su idea. Él es un gran
soñador.
Actualmente
está trabajando en una obra que será presentada en una exposición colectiva
junto a grandes artistas de la ciudad de Nueva York. En cada pincelada va
pensando y plasmando que un verdadero pintor en esencia debe dedicar su vida
por entero a su arte, a su obra. Al
pensarlo su paleta se torna un color azul intenso como la profundidad del mar.
Es una emoción que quiere llevar a su obra y lo logra con mucha satisfacción personal.
Un día
entró al taller su gran amigo Lvovich y
le dijo:
- Tenemos
una historia y un proyecto en común. Rusia y el arte nos ha unido en un lugar
tan distante de nuestra tierra. Sin embargo, debo decirte que hasta el día hoy
te acompaño en este proyecto tan ambicioso el cual veo irrealizable.
Al
escucharlo, Fyodor estaba tembloroso y
sus manos sudaban. No podía creer lo que estaba oyendo. Sintió que era lanzado
desde el séptimo piso de un edificio y sin paracaídas. Seguidamente retomó su
obra y sin mirar a Lvovich le dijo:
-
¿Dónde queda todo lo que hemos soñado juntos? ¿Qué será de nuestra comunidad de
artistas? ¿Qué haremos con nuestra propuesta de que los artistas deben
dedicarse única y exclusivamente a su arte?
- Ya te
lo he dicho en otras oportunidades estimado amigo. La vida, el arte, los
proyectos. Todo eso es cambiante. Tengo una nueva obra de arte que será mi
compañía, mi musa. Debo cuidarla, alimentarla y cultivarla para que crezca
sana, fuerte y sea la inspiradora de mis
días más felices y mi compañía en los momentos más difíciles. Respondió Lvovich
Fyodor
no puede creer las palabras de su amigo. Llevó sus manos a la cara y sus ojos
se llenaron de lágrimas. Luego, busco un pañuelo, secó su cara y despidió a su
amigo con un abrazo y le dijo:
- ¡Agradezco
tu sinceridad! Tienes un gran motivo para no acompañarme en nuestro proyecto y
entiendo por qué lo abandonas. Te deseo lo mejor.
Posteriormente
se encierra en su cuarto, sin comer y rechazando la visita de otros amigos
pintores que estaba seduciendo con su proyecto. Días después recibe la noticia
de que su gran amigo Lvovich y su esposa embarazada han fallecido en un trágico
accidente. Ante el estremecimiento que le causa aquella noticia, decide visitar
el consulado de Venezuela en Nueva York y se embarca a Caracas. Una vez llega a
Venezuela, conoce a un gran artista e identifica en éste un gran potencial
artístico y creador. Razón por la cual le sugiere:
- Tu obra debe crearse en una atmósfera solitaria
para que des rienda suelta a tus inquietudes creativas bajo la compañía de una
mujer humilde que sea tu musa e inspiración.
El
joven pintor le dijo:
Al mar iré, al encuentro con la
luz.
En las quince letras estaré,
Junto a: Juanita, Niza, Teresa y Serafina.
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