El Virtuoso
Fernando Vallejo
Juan,
es un extraordinario músico con más de 15 años tocando el clarinete. Durante
los últimos meses ha estado trabajando en su propuesta artística porque el próximo año estará presentando su obra como solista en el teatro Teresa Carreño
ante los representantes de los conservatorios más importantes del país ya que
desea continuar sus estudios musicales de la mano de los grandes compositores
de Venezuela. No tiene otra cosa en mente, solo piensa en sus ensayos día a
día. Primero inicia con el estudio de las escalas, los arpegios y a medida que
va entrando en calor aumenta la dificultad hasta llegar al estudio y
memorización del repertorio que llevará a los grandes salones de Venezuela y el
mundo. Su instructor personal no cesa de aplaudirlo porque en los pasajes más
difíciles es donde logra tener mayor fluidez instrumental. Juan se siente
satisfecho y con grandes expectativas de lograr su ingreso por la puerta grande
a uno de los grandes conservatorios de su país. Mientras ensaya se imagina que
el público lo aplaude, lo agasaja; él lo sueña y siente que está sobre las
nubes.
Un día,
Juan al levantarse decidió realizar su rutina de ensayos en una plaza de la
ciudad. Argumentando: - El arte debe estar al alcance de la gente. Llamó a su
instructor y le dijo que para acostumbrarse al calor del público, era
recomendable ir a ensayar a un espacio abierto. A su profesor le pareció una
genial idea y acordaron verse en la plaza Luís Mariano Rivera. Al salir de
casa, Juan siente que alguien lo sigue pero no le dio importancia. Al llegar al
lugar acordado se encontró con el profesor y rápidamente inicia su rutina de
estudios. Cuando estaba entrando en calor interpretando su composición, siente
algo frío por el cuello y cesó la ejecución instrumental. No entiende lo que
está sucediendo y decide voltear, cuando escucha una voz que le dice:
-
¡Quédate tranquilo, todo va a estar bien, entrégame el clarinete y nada te
sucederá! ¡No pongas la situación difícil!
El
profesor al ver como ésa persona le tiene un cuchillo en el cuello a su alumno
trató de acercarse con cautela y le dijo:
- Por
favor, déjalo en paz. Él solo quiere ensayar para su recital musical. Si le
quitas su clarinete, no tendrá como hacerlo. Él solo quiere ser feliz llevando
melodías al viento. ¿No te parece eso maravilloso?
- Si te
sigues acercando lo voy a cortar, es mejor que me den el instrumento y no
tendremos ningún problema.
- ¿Para
qué quieres el clarinete? Gritó Juan.
- ¿Y todavía lo preguntas, idiota? ¿Acaso no
te das cuenta que la gente pasa y te ignora? ¿Acaso no sientes que la gente
desprecia éstas cosas? Si te quito el instrumento, evitaré que te sientas mal.
Impediré que seas objeto de burlas y acusaciones. Sin tu clarinete serás más
feliz porque te evitarás el repudio de la gente. El público al que le tocas
solo está pensando en el placer inmediato, y tú, no se lo proporcionas. Por eso
te observan con lástima porque eso es lo que trasmites: lastima, lastima.
Juan al
escuchar ésas duras palabras se sintió destrozado y se tapó el rostro con las
manos. El profesor, al ver que una lágrima se deslizaba por la mejilla de Juan
decidió gritar a un grupo de personas que observaban con asombro lo que estaba
sucediendo:
- Sras.
y Sres., con Uds. el afamado clarinetista: Juan El Virtuoso. Hoy estará con
nosotros deleitando a todos los presentes con la ejecución instrumental de su
propuesta musical.
Poco a
poco se escucharon algunos aplausos y la plaza se fue aglomerando de muchísima
gente; a medida que iban llegando más personas se incrementaban los aplausos
hasta convertirse en una gran ovación. Juan al sentir la aclamación no cabía
dentro de sí, observó como la persona que lo había amenazado guardaba su arma
para sumarse a los aplausos y ante la impresión que le causa ver la actitud de
la persona que lo había amenazado, decide dejarse llevar por la emoción e
iniciar una vez más su repertorio musical.

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