Rumbo al Ensayo

“El honor de la poesía fue salir a la calle. Fue
tomar partido en este combate y en aquél. No se asustó el poeta cuando le
dijeron insurgente. La poesía es una insurrección. Los poetas odiamos el odio y
hacemos la guerra a la guerra”
Pablo Neruda
Pedro
es un joven músico de 22 años, ejecuta varios instrumentos musicales, su
especialidad es el Cuatro Venezolano y sueña con ingresar a la orquesta
sinfónica de Venezuela. Recientemente ha organizado junto a otros amigos
músicos un repertorio variado con el objetivo adquirir más destreza técnica
para participar en el proceso de audiciones que se harán el próximo año. Todos
los días antes de irse a ensayar su familia lo alienta con cariñosas palabras
que lo motivan a conseguir su sueño. Su madre no cesa en decirle:
- Hijo,
ya te veo viajando y llevando melodías por todo el mundo bajo la dirección del
gran maestro Dudamel.
Él se
siente muy feliz al escuchar las palabras de su madre. Está muy optimista de
alcanzar su gran sueño de estar junto a los grandes músicos de su país
recorriendo el mundo llevando el noble calificativo de “Embajadores de la Paz”
Un día,
Pedro se levanta a las 5am para ir a ensayar junto a sus amigos. Al abrir la
ventana observa que el cielo está gris y nublado. Vio la calle y notó algunos
charcos en el pavimento. Luego encendió el TV con la finalidad de escuchar las
noticias más relevantes del día y en ése instante estaban anunciando que en un
sitio adyacente al local donde todos los días ensaya, se darían concentraciones
masivas. Pedro al escuchar el noticiero se imaginó en una silla del teatro y
dijo para sí mismo en tono poético:
Esto o
aquello,
A favor
o en contra.
Al
ensayo voy buscando el horizonte,
Con mi
adarga al hombro a deshacer entuertos,
En
clave de sol.
Luego
preparó su Cuatro Venezolano, agarró la carpeta con las partituras y salió de
casa. Faltando 2 Km.
para llegar al lugar del ensayo vio a su alrededor piedras, vidrios rotos, nube
de gases y adicionalmente escuchaba a su alrededor gritos, lamentos,
acusaciones y ofensas entre grupos de personas.
El
clima era hostil, Pedro no podía creer lo que estaba viendo. Sin embargo, a
pesar de esa condición él siguió avanzando hacia el lugar del ensayo. De
repente escuchó una moto a alta velocidad que se le acercaba y al conductor
dándole la voz de alto. Al sentir la cercanía de la moto que lo acechaba se
aferró a su instrumento y arrancó a correr. Siguió avanzando y de repente del
lugar menos esperado salieron varios uniformados a prestar apoyo a sus
compañeros motorizados y rodearon al músico. Seguidamente forcejearon con Pedro
alegando que en su bolso llevaba un instrumento de alta peligrosidad el cual
sería sometido a una verificación exhaustiva ya que los últimos estudios habían demostrado que haciendo uso de un
instrumento musical se puede llegar a la conciencia de la gente. Pedro no
entendía por qué lo estaban tratando de ésa manera y gritó:
- Yo
solo quiero ir a ensayar. ¿No ven que soy músico? ¿No ven que mi compañero solo
suena en armonía con la naturaleza?
- ¡Cállate
idiota! Los procesos policiales se respetan. Tú eres portador de un arma
peligrosísima para la sociedad y precisamente por eso te estamos capturando in
fraganti. Gritó el uniformado.
Luego
el uniformado ordenó a sus acompañantes darle una golpiza al joven músico y
llevarlo a una celda en compañía de otros sujetos de alta peligrosidad. Pedro
al saber que ya no tenía sentido seguir discutiendo con las personas que le
quitaban su libertad les gritó:
- ¡Llévenme
preso, no importa! Eso sí, Junto a mi fiel compañero.
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